PROFECÍA INDIA Sólo después de que el último árbol sea cortado. Sólo después de que el último río sea envenenado. Sólo después de que el último pez sea apresado. Sólo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.

jueves, 30 de septiembre de 2010

BUCEANDO EN EL INFINITO. ANA MARÍA MANCEDA. SAN MARTÍN DE LOS ANDES.




  “BUCEANDO EN EL INFINIT0”. POEMA SELLECCIONADO PARA ANTOLOGÍA. EDITORIAL DUNKEN. “EL RÍO DEMORADO” .BUENOS AIRES.2006

El excéntrico millonario lo raptó. El poeta encerrado jugaba a descubrir el sol
en la ostentosa pintura de las paredes de la cárcel, sus lágrimas brillaban con el reflejo. El cuaderno y una lapicera eran sus únicas posesiones, ni un libro, tremenda tortura.
En las páginas debía escribir todo lo que sabía del infinito.
Escribió sobre pájaros, sobre vientos¿ Hasta dónde llegaban sus sonidos?
¿El amor rozaba sus fronteras?¿ Existirían los arco iris en ese sin fin?
Se expandió con su conciencia y con el universo.
Escaló montañas virtuales para observar desde la mágica altura
la pequeñez real de la existencia.
Se sumergió en las entrañas de la tierra para viajar junto al magma
que se desplazaba sobre la superficie,                                                                                                                                                                  buscando en cada partícula algún indicio del misterio.                               
Solo descubrió las rocas que engendraban el planeta.
El sueño era bendecido  cuando su mente agotada dejaba de pensar.
El tiempo dado para explicar lo abstracto llegaba a su fin.
Creyó estar cerca de terminar su obra cuando se compenetró en la violencia,
en el sufrimiento de las madres ante la pérdida de sus hijos,
ante la injusticia social que veía en el mundo, sufrió tanto que no pudo escribirlos.
El día del último encuentro llegó. El secuestrador entró en su celda, era repugnante, su abdomen promiscuo se adelantaba soberbio a su cuerpo.
Sus ojos eran dos huecos vacíos si no fuera que dispersaban algunos destellos inciertos. El poeta sabía de su muerte, se acercaba, estaba sentenciado.
Ante la pregunta si había llegado a la explicación del infinito respondió.
«Sí, pero no tengo una sola respuesta, una está en la búsqueda que he vivido en estos días de encierro, la otra en su ignorancia, en su triste e infinita ignorancia».***



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