jueves 29 de diciembre de 2011

un NyC de San Martín de Los Andes en el espacio


De El Arenal al espacio

Emmanuel Orence Comin tiene 26 años y es nacido en nuestra ciudad. Desde el 2005 estudia en la Universidad Tecnológica Nacional y formó parte del proyecto de desarrollo del satélite SAC-D Aquarius recientemente lanzado por la NASA.


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Emmanuel Orence Comin (derecha) junto a Nahuel Castillo, compañero de la UTN.

14/06/2011

- El satélite SAC-D Aquarius, el cual partió rumbo al espacio el pasado viernes desde California es un observatorio espacial para el océano, el clima y el medio ambiente, que combina tecnologías para la observación de la Tierra y puede aportar más datos sobre el cambio climático.
Cuenta con ocho instrumentos que miden salinidad y temperatura superficial del mar, velocidad de los vientos, concentración de hielos, detección de buques para control de recursos pesqueros, incendios y volcanes. Cinco de estos instrumentos fueron desarrollados en el país por un convenio entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y el Centro Goddard, el Jet Propulsion Laboratory (JPL), los dos de la NASA. Previamente participaron universidades del país que fueron los desarrolladores de varias piezas fundamentales.  
Emmanuel Orence Comin  tiene 26 años y es nacido y criado en nuestra ciudad. Más precisamente en el barrio El Arenal. Fue toda la primaria a la Escuela 274 y luego estudió en la EPET 12. Al terminar la escuela técnica, decidió, como muchos chicos de nuestra ciudad mudarse a Buenos Aires para continuar con sus estudios. Allí comienza esta historia.
¿Cómo comenzaron tus estudios?
Toda la primaria la hice en la Escuela 274 y la secundaria en la EPET 12. Mientras tanto, hice una pasantía en un taller mecánico. En el 2004 decidí venirme a estudiar a la Universidad Tecnológica Nacional regional La Plata. Ahí hice el curso de ingreso y comencé con mis estudios. Un día fui al laboratorio de Ingeniería Mecánica de la UTN y me enganché a trabajar con los tornos en el  laboratorio, al igual que lo hacen muchos ingenieros. Ésta es una carrera en la que necesitás ir implementando todo lo que vas viendo.
¿Y cómo pasaste de un torno a ser parte de este proyecto?
Después de un tiempo en el laboratorio comencé a trabajar en la investigación y desarrollo de máquinas y herramientas comandas por control numérico. En ese momento, la UTN hizo un convenio con la Universidad de Ingeniería Electrónica donde nos propusieron fabricar las antenas reflectoras del satélite. Primero haciendo los prototipos y la fabricación en escala. Una vez hecho el prototipo, el INVAP se encargaba de la construcción. Lo que nos tocó a nosotros fue el estudio matemático de estas antenas. Teníamos que hacer la ecuación de la superficie de las antenas y con eso programar el código desmecanizado.
Explicámelo en criollo
Nosotros lo que hicimos fue programar un robot (risas). En esto se trabajó desde el 2005 al 2008. Lo que hicimos fue la investigación y el desarrollo del prototipo. Aportamos nuestro granito de arena en una parte del satélite.
¿Te pagaron algo por esto?
No. Esto es parte de nuestro trabajo en la facultad. Yo soy becado y doy clases en tres materias a gente de distintas empresas. YPF, Peugeot, entre otras. A ellos le damos un curso donde le enseñamos a programar máquinas y eso sí es pago. Con eso nosotros financiamos nuestro laboratorio. Hay un pequeño presupuesto que lo pone la Universidad para comprar materiales y herramientas.
Con todo esto que contás, ¿te queda tiempo para hacer otras cosas?
Yo vivo en Berisso, cerca de La Plata. Hago distintas cosas. Estoy en un club del barrio y en una murga donde hacemos candombe los domingos. Trabajamos en muchas cuestiones culturales del barrio y durante la semana me la paso estudiando y trabajando en el laboratorio.
¿Qué sentiste cuando despegó el cohete que lleva el satélite?
Sentí una emoción medio inexplicable. Porque si bien no estuvimos en la construcción final, si aportamos nuestro granito en los comienzos del proyecto. Eso es una emoción enorme porque le dedicamos muchas horas. Ahí se volcó mucho trabajo e ideas. Nosotros dijimos: "esto lo tenemos que hacer bien" porque nos representa no sólo como facultad sino también como país. Estamos felices. Yo tengo muchas ganas de felicitar a toda la gente que trabajó porque fueron muchas las universidades del país que formaron parte de este proyecto. Toda esa gente le puso el corazón y el alma.
¿Pudiste ver el despegue?
No lo vi en vivo porque estaba en el laboratorio. Después lo vi por internet.
¿Se extraña San Martín?
Sí, mucho. Yo soy nacido y criado en el barrio El Arenal. Mi idea es volver en algún momento. Más allá que acá trabajo en todo esto que me encanta, la tierra de uno no tiene precio. Lo que yo siento por San Martín es único. Todos los días me levanto y siento que estoy allá. Uno extraña la gente, la familia y hasta el frio. Pronto volveré. 

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